TRABAJO EN EQUIPO
Por Ignacio Navarro Valle
nacho.navarro@contracultura.org.mx
Asesoro con frecuencia a mejorar, fortalecer y potenciar, la cultura del trabajo en equipo, que ataque frontalmente la costumbre (cultura) del salvaje individualismo que padecemos.
Para ello, propongo revisar, conjuntamente, con los accionistas, directivos y personal participante, el caso documentado que los mexicanos podemos lograr trabajo en equipo exitoso: la selección sub-17 que en el 2005 alcanzó el campeonato mundial de fútbol venciendo a la potencia mundial en ese deporte: Brasil.
De este caso, en mi opinión, hay 2 puntos destacables, entre otros, que engloban el éxito alcanzado: Valores y Reglas claros y alineados entre sí; me explico:
Los Valores son elementos esenciales para que las organizaciones, a través de sus individuos, alcancen lo que se proponen; en otras palabras, son el motor que mueve al grupo.
Las Reglas marcan las acciones concretas y precisas que los individuos de este grupo deben cumplir para lograr los Valores. Así también, se convierten en los indicadores que muestran a sus integrantes si se están o no alcanzando los Valores y el porqué.
Estos Valores y Reglas, sugiero se definan por los líderes de la organización y se den a conocer claramente, para finalmente aceptarse por cada uno del equipo, de tal manera que esos Valores y Reglas se conviertan en suyas y no solo de los dueños, jefes o entrenadores. Con esto, en mi opinión, se da el primer gran paso para formar equipos exitosos y una manera de identificar las causas que lo impiden.
Si esta simbiosis exitosa de Valores y Reglas, logró un trabajo en equipo de clase mundial para México, imagine lo que podemos lograr, usted y yo en nuestras organizaciones si hacemos lo mismo. ¿Se anima?
Por Ignacio Navarro Valle.
nacho.navarro@contracultura.org.mx
Los expertos en potencial humano, nos insisten y persuaden del poder del pensamiento positivo. “Pensar y actuar positivo”, ha sido el tema tratado en un sinfín de libros, artículos y conferencias de liderazgo, lo cual me parece bien.
Sin embargo, sorprende experimentar que una de las formas más efectivas y poderosas para iniciar la ruta hacia lo positivo, pasa ineludiblemente por lo negativo.
Difícilmente seremos personas positivas, si no aceptamos –antes- que tenemos cosas negativas. La sinceridad derriba cualquier barrera. Vea:
Usted puede dudar, con justificadas razones, en el mejor de los casos, que soy una persona que me mantengo con pensamientos y acciones positivas durante todas las horas del día en que me encuentro despierto, teniéndole que demostrar, si fuera el caso, cómo es que sí me mantengo positivo, más allá de lo que me ocurra. O sea, usted necesita para aceptarme positivo, pruebas de mis conductas, ¿no?
Pero cuando con sinceridad le comparto, que frecuentemente produzco pensamientos negativos y que batallo para llenar mi cabeza de ellos, que me aseguren acciones positivas, inmediatamente usted lo acepta, sin poner barreras. Igualito ocurre cuando acepto mi negatividad, para hacer lo positivo. ¡Increíble!
Así también, al pensamiento positivo lo sobre dimensionamos y propicia que, muchísimas veces, nos pongamos a la defensiva y escépticos, cuando nos sentimos positivos y sin problemas, quizá por esa cultura que pocas veces vivimos usted y yo: admitir que los tenemos. ¿No le parece?
Por Ignacio Navarro Valle
nacho.navarro@contracultura.org.mx
Un reporte de la revista Harvard Business Review calcula en 2007 que hasta 80% del precio de mercado de una acción se deriva de activos difíciles de medir, como son: el valor de la marca, la propiedad intelectual y la buena voluntad al frente de las empresas, conceptos también conocidos como “intangibles” razón por la cual, los negocios resultan particularmente influidos por éstos.
Quienes hayan leído un balance financiero, estarán de acuerdo conmigo, que además de aburridos, las más veces, la atención y discusión sobre la información allí plasmada la dirigimos a rubros muy “tangibles” como lo son: la cantidad de efectivo; esto es, dinero de que se dispone; los bienes inmuebles, maquinaria, equipo de oficina; o lo que se les debe pagar a los proveedores, banqueros y otros acreedores; así como la utilidad ó pérdida que se tiene. Lo cual me parece muy bien y saludable para las organizaciones.
Pero si seguimos leyendo e interpretando solo así la información financiera, ya seamos dueños, directivos, consejeros, empleados, banqueros, etc., considero, pasamos por alto la causa más importante de las organizaciones: su capital humano; esto es, una a una las personas que las constituyen y dan vida, que salvo lo rubros detectados por esta prestigiosa revista de negocios, son bastantes veces ignoradas, lo que ha constituido, quizá, una de la razones de que los negocios y las organizaciones, en muchísimos casos, caigan en la costumbre (cultura) de poner por encima de todo al dinero.
Le invito, a que concientemente usted y yo, provoquemos que en las organizaciones la mayor importancia y valía se reconozca y viva para las personas. ¿Se anima?