Archivo Mensual de Octubre, 2009

SUPERACIÓN Y SUPERSTICIÓN.

“Conócete a ti mismo”. Sócrates. Sabio Griego (470-399 a.C).

SUPERACIÓN Y SUPERSTICIÓN. ©

Por Nacho Navarro.
innavalle@hotmail.com

Vivimos una época donde abunda una extensa oferta de propuestas para que usted y yo nos convirtamos en mejores personas. Basta teclear la palabra superación en el buscador Google y obtenemos poco más de 7millones de opciones. ¡Estupendo! Además, podemos aprender de los ensayos de “Cómo ser rico” del magnate estadounidense Paul Getty (1892-1976) o del mexicano fundador del IPADE Carlos Llano (1932- ) “humildad y Liderazgo”, así como de las magnificas vidas de los personajes que cambiaron –percibo- para bien, su historia y la de muchos: Andrew Carnegie (1835- 1919) dueño de la más grande acerera; Walt Disney (1901-1966) creador del mayor parque de diversiones; Warren Buffett (1930- ) hoy de las más ricos que destaca por su sencillo estilo de vida, o la de los mexicanos Servitje fundadores de la multinacional Bimbo; todas con un modelo muy sugestivo, creo, que provoca atracción e imitación: si yo puedo, usted puede. Junto a las reconocidas escuelas de negocios que cultivan rigurosa y científicamente las mentes de miles de personas.
Hay también una extensa oferta variopinta de ayudas de “superación”, prometiendo riqueza y éxito, cargadas –observo- de atractivos ganchos que si nos descuidamos, caemos en el engaño –para decirlo suavecito- de que basta con que lo desee y lo repita, no sé cuántas veces al día, para que alcance enormes propiedades y negocios millonarios. Allí está “El Secreto” para medir el éxito y jale de estas “ayudas”, aunque la mayoría de sus seguidores no reparen, ni investiguen que sus inspiradores han sido aficionados a la Ouija y son porta voces del conjunto de “espíritus” que se hacen llamar Abraham. Así de fácil.
¡Sí, como no!

SIEMPRE ABIERTOS.

“No quiero que mi casa esté amurallada por todos lados y mis ventanas tapiadas. Quiero que las culturas de toda la tierra se difundan aquí tan libremente como sea posible, pero me niego a que alguna de ellas me avasalle.”
Gandhi (India 1869-1948).

SIEMPRE ABIERTOS. ®

Por Nacho Navarro.
innavalle@hotmail.com

Expertos en desarrollo gerencial como Maxwell (EEUU 1947- ), Llano (México 1932- ), Porter (EEUU 1947- ) y W. Chan Kim (Corea 1950- ) al explicar las tendencias en la dirección de las organizaciones identifican, me parece, predominantemente al estilo vertical de origen militar, como modelo directivo de las organizaciones que se impuso con 2 características principales de mando: la orden y el control. Importantes, sin duda.
También señalan, cómo este estilo directivo tiende a ser menos frecuente hoy, en razón que impera la participación libre y responsable de más personas en la toma de las decisiones. ¡Excelente!
Vivimos una época de información y conocimiento única, que posibilita, vía las tecnologías de la comunicación, acceder a campos anteriormente reservados a unos cuantos.
Esto favorece percibo, la capacidad para enriquecer la manera de cómo trabajamos, superando con ello la dirección vertical y cerrada, que limita en muchos casos la expansión y mejora de las organizaciones.
Una manera que está contribuyendo a este magnifico modelo de apertura y participación, es desarrollar e implementar programas específicos y puntuales de acompañamiento directivo y de negocios que buscan potenciar y propiciar el que los dueños y directivos pongan lo mejor de sí mismos, en cada jornada laboral, mediante su compromiso personal de mejora directiva y buscan también, se muevan a convertirse en líderes de sus colaboradores que fomenten y motiven, lo mejor de ellos, en beneficio personal y de la organización a la que pertenezcan.
¿Se atreve?

INCOMODIDADES PODEROSAS.

“Contra la cultura de dejar el camino andado, revive la cultura de la ilusión, del sueño”. ©

INCOMODIDADES PODEROSAS. ®

Por Nacho Navarro.
innavalle@hotmail.com

Una vivencia que con frecuencia nos orilla abandonar nuestros compromisos, allí donde nos encontremos, es el sentirnos incómodos. Incómodos en nuestra casa con la pareja, hijos, padres, hermanos, vecino(s), etc. Incómodos en nuestro trabajo con el jefe, socio, subalterno, colega, cliente, proveedor, competencia, etc. Incómodos en la escuela con los maestros, alumnos, compañeros, etc. Incómodos con los gobernantes, sean del partido que sean. En fin, incómodos con nosotros.
Motivos para sentirnos incómodos -¡seguro!- no faltarán. Qué si van a subir los impuestos; qué si trabajamos por el mismo dinero; qué si los clientes nos cancelan o nos retrasan los pagos; qué si los hijos no obedecen; qué si la crisis; qué si esto y lo otro.
Aquí la conveniencia, percibo, de transformar estas cotidianas incomodidades en herramientas poderosas para usted y para mí. ¿Cómo? Vea:
Primero. Haciéndonos concientemente concientes, que nos sentimos incómodos. Negarlo, nomás no resuelve nada.
Segundo. Preguntándonos porqué estamos incómodos. Dimensionarlo, nos ubica.
Tercero. Salirnos de esa extendida cultura de la “quejadéra”, que nos mantiene anclados en más de lo mismo, con las siguientes acciones (culturas) personales:
a) Aprender de todos, de todo; b) desapegarnos al resultado de lo que deseamos; c) rectificar lo que convenga rectificar; d) respetar a quienes piensen distinto; e) paciencia con nosotros y los demás; f) perseverar en nuestras ilusiones; g) re-alinearnos con nuestros propósitos y h) mantenernos contentos.
Cuarto. Recordar que nos fortalecemos, cuando aprovechamos las incomodidades. Aunque quienes nos las provoquen, ni cuenta se den.
¡Poderoso! ¿No?

CULTIVANDO EL CAPITAL.

“Tuve dos ventajas en mi vida: haber nacido inteligente y haber nacido pobre”.
Sofía Villani Scicolone, mejor conocida con el apellido Loren (Roma Italia 1934- ) Actriz y empresaria, declarada uno de los tesoros mundiales del cine.

CULTIVANDO EL CAPITAL. ®

Por Nacho Navarro.
innavalle@hotmail.com

Es frecuente, que usted y yo asimilemos o relacionemos la palabra capital con dinero y los bienes materiales; pensando cuando hablamos de lo que qué necesitamos, por ejemplo para “x” o “y” cosa y/o situación, casi siempre, refiriéndonos sólo a estos dos conceptos tangibles, ¿no? Lo cual es correcto, aunque percibo, limitado.
Influidos quizá, por esa costumbre (cultura) de juzgar todo a través de nuestras creencias, ideas y experiencias que al poco rato, acabamos convirtiéndolas en los lentes con que miramos el mundo (Stephen R. Covey, autor de Los 7 Hábitos de las Personas Altamente Efectiva) así, desde hace mucho, olvidamos –en el mejor de los casos-, el origen de la palabra: del latín capitälis; adjetivo perteneciente o relativo a la cabeza (Diccionario de la lengua española. Real Academia Española).
De aquí que convenga, creo, redimensionar y aplicar capital a lo que también usted y yo tenemos: ¡nuestras cabezas! Que contienen, según los neurocientíficos, el cerebro con el mayor grado de inteligencia, aunque parezca, por lo que usted y yo pesamos y hacemos – a veces- todo lo contrario.
Por fortuna, en muchas organizaciones del mundo, hoy se piensa, se escribe y se invita a hablar del capital humano, no en términos peyorativos o reduccionista ideológico-mercantilista, sino me parece, dándole el lugar –igual que la cabeza- más alto dentro de las organizaciones públicas y privadas, lucrativas o no, de lo que considero lo más valioso que existe en ellas: las personas.
¿Se anima?